(Pincha aquí para ver las fotos) PREGÓN DE FIESTAS DE BIDANKOZE DEL 2007

 25º ANIVERSARIO DE LA BAJADA DE MARUXA

 

Querido pueblo de Vidángoz, amigos y amigas! 

Hace 25 años, como una fiesta, recuperamos la tradición popular que atribuía a Vidángoz ser el lugar ancestral de encuentro de las brujas del Valle del Roncal, de estas mujeres que conocían, de padres a hijos, el poder curativo de nuestras plantas y frutos, el saber de cuando debía sembrarse la tierra, de cómo leían en las nubes, en las tormentas y en las fuerzas de los vientos el porvenir más inmediato marcado por estos propios fenómenos naturales. Unas mujeres con el “poder” derivado de la sabiduría  popular, de la misma naturaleza, puesto al servicio de las gentes que poblaban nuestro valle.

 Hace 25 años, Teresa –con autorización expresa de Maruja- hizo en cartón piedra la reproducción de la embajadora de las brujas y cuidaba del maquillaje de las mozas que danzarían junto al fuego a los compases de música catalana, pero acorde y cómplice con el entorno de Vidángoz. Tomás estaba a cargo del fuego de arriba, en la Pitxorronga, mientras Nicolás y Juan Luis cuidaban desde allí mismo del lanzamiento de los primeros cohetes; Jesús Mari y Ángel Mari vigilaban la salida del vuelo de Maruxa desde la peña; Josetxo, Santos y José Mari cuidaban de su aterrizaje; Antoñín cuidaba de encender el fuego en el pueblo y las mozas entonces, mujeres ahora y brujas siempre, encarnaban a Maruxa y le acompañaban: Olga, Montse, Maise, Lourdes, Begoña, Idoia, Maite, Elena, Ana Mari, Amaya, Mari Mar, otra Mari Mar, Araceli, Elena, Ana y Beatriz. Alguna más habría, cuyo nombre no tengo en mis notas, en el que anotaba los minutos y segundo exactos que debían ocupar las diferentes escenas de la ceremonia.      En la parte, diríamos técnica, Simeón, Martín y otros amigos cuidaban del funcionamiento del espectáculo y de la megafonía. De hecho, todo Vidángoz se unió y aprobó con su presencia, compresión y sorpresa la primera bajada de Maruxa. No recuerdo a nadie que –a pesar de ser una novedad que introducíamos en nuestras fiestas tradicionales- se pusiera en contra de la bajada de la bruja. Y el pueblo se congregó a medianoche, en la puesta del pueblo para recibir como un símbolo, como un juego, como una fiesta, a la embajadora de las brujas que en el tiempo habían habitado nuestro Valle del Roncal. Guardo como un documento, manuscrito y firmado por Yolanda, la primera valoración de cómo fue aquella primera visita de Maruxa. La valoración era tan entusiasta como breve, decía: “Ha salido todo chupi”.

 Salió tan “chupi” que hoy, después de 25 años, Vidángoz, gente del Roncal y de nuestros valles vecinos, continúa reuniéndose a medianoche, en la puesta del pueblo, para recibir a Maruxa: para que ella presida las fiestas, para que todos los actos diversos desde la misa hasta el bailes, desde las jotas “empatxaranadas” en los bares hasta la merienda en la plaza, desde la Llega hasta la primera cogorza juvenil agarrada en el zurracapote, desde los esperados reencuentros familiares hasta las múltiples calderetes que por las noches sellan y renuevan lazos de amistad- para que todos los actos reciban su embrujo y tengan un mayor realce.

 Teresa y yo tuvimos la suerte de participar activamente –por aquel entonces- en las tres primeras fiestas del pueblo con Maruxa. Ahora, ya abuelas de tres nietos, volvemos a Vidángoz gracias a la amable invitación de vuestro ayuntamiento –que públicamente agradecemos- y a la capacidad persuasiva de María José, vuestra alcaldesa. Para nosotros es la mejor ocasión para rememorar y revivir el cariño con que el pueblo de Vidángoz nos acogió, nos comprendió y, posiblemente en algunas ocasiones, nos soportó con su generosidad. Dejamos nuestra casa de Vidángoz, pero no pudimos dejar el entorno de nuestras montañas, valles, cumbres, bosques y costumbres. En el pueblo en que pasamos desde entonces nuestros días de descanso, ya en Cataluña, seguimos  compartiendo la antigua y común toponimia de nuestros pueblos, que algunos dirán “vasca”, otros “euskaldun” y hasta unos pocos la situarán en el origen del país de los Pirineos y hablarán de la toponimia “óñica”. ¡Tanto da en este momento! Allí también tenemos “bordas”; la ganadería también pasta en nuestros altos; a las almadías las llamamos “rais” y en fiestas estos “rais” vuelven a bajar nuestros ríos de aguas bravas; la nieve que cubre nuestros picos es la misma que cubre las cumbres del Orhy o del de Vidángoz y el Valle del Roncal, la cultura de un país que deriva de la propia tierra. Un país en el que nunca ha sido fácil la vida, en el que el frío y el “gigante de las nieves” parece querer paralizarla, pero sin conseguirlo nunca. Todo lo contrario. Nuestras montañas nos han dado el carácter,  la personalidad de nuestros pueblos y valles, en los que la rudeza imprime el carácter, el trabajo es inseparable amigo del esfuerzo duro y persistente, la generosidad es compatible con la reserva y la palabra sigue siendo la garantía necesaria para cerrar un trato.

 Un país, que con los profundos cambios de nuestra sociedad, sigue luchando para no quedar marginado del progreso que debería derivar –no del consumo y de la huída hacia delante- sino de profundo reconocimiento de una naturaleza humana hecha a la medida de nuestro entorno natural, del cual emana. Por ellos, nuestros valores, tradiciones, costumbres y hábitos tienen sus raíces, muy a menudo sin que seamos conscientes de ello, en el magnetismo de nuestras montañas, en el color de nuestros prados y en el misterio de nuestros bosques.

 Actualmente, en plena era de la información y de la comunicación, Vidángoz y el Valle del Roncal, el país entero de nuestras montañas, trabaja para ser un punto reconocible en el mapa de nuestra era, de nuestro mundo. Y así será si nuestro pueblo, nuestro valle, nuestro país, sigue fiel y se identifica con la profunda complicidad entre el hombre y la mujer con la madre naturaleza. Creo, sinceramente, que Maruxa colabora sencillamente, de manera callada, pero efectivamente, para que Vidángoz sea conocido como un pueblo con nombre propio, con su específica función de convocar en el valle a los hombres y mujeres que, parafraseando el dicho, “de niños, de locos y de brujos, todos tienen un poco”. Que con el embrujo de Maruxa vivamos estas fiestas del 25º aniversario con la inocencia de nuestra infancia, con la locura de una alegría que se contagia y con la magia de la brujería de la tierra.

 ¡Viva Vidángoz!    ¡Viva el Roncal!    ¡Viva el 25º aniversario de Maruxa!

 Ignaci Doñate